Amada Lucía





Primer Premio 

III Certamen de Cartas de Amor Villanueva de la Serena

Amada Lucía:

Te veo a mi lado, rodeada por la luz del sol vespertino, al abrigo de las ramas de aquella acacia que dejaba caer sus flores amarillas como una cascada sobre tu cabeza.

Todo es tan nítido que puedo contar los trazos que dejaba una sonrisa en las comisuras de tus párpados, el número de veces que me latía el corazón cuando te acercabas a mí, los minutos interminables de tu ausencia.
Perdona que, después de tantos años de silencio, hoy te lleguen estas líneas. Estoy tan débil que apenas puedo escribir. Siento los dedos torpes y temblorosos. Me vence el sueño, pero no deseo dormir. Quiero estar despierto para apurar hasta el más insignificante instante de vida que me quede.
Y escuchar está música, ¿te acuerdas?

"Vuela esta canción para ti, Lucía, la más bella historia de amor que tuve y tendré..."

Sujeto tu fotografía, descolorida y borrosa por el paso del tiempo, sobre mi pecho.Te recuerdo muy bien. Logro ver con claridad tu figura recortada contra la ventana, bajo la luz alicaída de mi habitación. Y aún hoy, como entonces, me sigues pareciendo irreal, soñada. No obstante puedo distinguirte y tocarte con mis manos, tan indefensa, tan frágil...

"No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí..."

Cuántas huidas, cuántos escalofríos, sin tú merecerlo, sin yo darme cuenta que estaba la vida verde para nosotros. Huelo aquellos años como la mejor fragancia: tú y yo, tú y yo, únicamente tú y yo... Pero esta fragancia que me llega no es la tuya, no es el olor suave de tu piel. Tan solo es el aroma de la muerte y su soledad.

Me queda muy poco tiempo y aún no tengo una respuesta. Toda mi vida está escondida y codificada en ese primer momento de magia que supuso nuestro primer encuentro. Y, sin embargo, me fui, queriendo penetrar otros espacios, te abandoné, deshojé tus postrimeras rosas, sin razón alguna, sin palabras, sin adiós. Y sólo he sido un viento errante librando batallas perdidas contra la vida, sin ti, un náufrago en los goteos persistentes de tus lágrimas, las lágrimas que han seguido, día tras días, intentando rescatar primaveras a nuestra acacia, dándole de comer a tu amargura, buscándome en la parada del autobús, diluyéndose en las grietas de mi olvido.

"Perdóname si hoy busco en la arena esa luna llena que arañaba el mar..."

Una y otra vez repaso todos los momentos vividos contigo, y noto que me hacen más bien que las substancias que me administran, pues los pensamientos mantienen alejados el dolor, solo el dolor físico, porque siempre me han dolido las heridas que han dejado en ti mi abandono.

Si pudiera tener un día más, unas horas o un puñado de minutos, un instante donde sentirme vivo en este torbellino de decir adiós sin desearlo, en este trágico momento en el que uno descubre que todas las llaves que ha guardado solo abren la puerta hacia la muerte. Si pudiera dejar estos momentos imperecederos en mi cabeza hasta que llenaran todo mi ser, quizás podría dejar de huir, de sentir escalofríos.

Cuando muera, el viento regresará a esta habitación, y se llenará con mi ausencia.Y a pesar de todo, sé que vendrás, como un débil susurro de aire en nuestra acacia, como el recuerdo de una sonrisa, a reclamarme la desnudez de los abrazos, las manos firmes donde apoyar tus manos, las caricias sobre tu frente encendida de sueños, los ojos que miren para siempre tus párpados cárdenos. Te siento hasta cuando no te veo.

"Tus recuerdos son cada día más dulces, el olvido solo se llevó la mitad. Y tu sombra aún se acuesta en mi cama con la oscuridad, entre mi almohada y mi soledad."

Sé que vendrás. Sé que vendrás a dejarme los trazos infinitos de tu cuerpo y tu alma, para quedarte, igual que una flor dormida, sobre mi tumba. Sé que vendrás.

Te amo, Lucía. Te amaré siempre.

Las palabras en cursiva pertenecen al poema/canción "Lucía", del que es autor Joan Manuel Serrat


© francisco javier silva
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Lucía González Lavado / Almendralejo / España

Lucía González Lavado    Almendralejo    España
 
Lucía González Lavado (Mérida 1982) mostró a una temprana edad su pasión por la escritura y en especial por la fantasía, convirtiendo así, años más tarde, un hobby en una profesión.
Comenzó a publicar en 2005 y desde entonces ha publicado más de una treintena de relatos y más de una decena de novelas, todas ellas englobadas dentro de la  fantasía épica, infantil, y paranormal. Algunas de sus obras se han traducido en Italia, Estados Unidos y China.
Residente en Almendralejo (Badajoz) y gran amante de los gatos, en la actualidad, compagina un trabajo fuera del campo literario con la escritura y actividades como monitora socio cultural.


"Crear personajes, inventar historias, crear mundos de la nada, es de lo que más me gusta hacer en esta vida. Disfruto con ello, soy feliz haciéndolo y por eso lo hago, porque soy realmente feliz escribiendo."

¿En qué momento de tu vida decidiste que ibas a ser escritora?
No hubo en ningún momento en particular en el que decidiese ser escritora, no se me planteaba por la cabeza. Escribía por afición hasta que años más tarde decidí enviar mis libros a editoriales y comenzaron a publicarse.
Pensar en ser escritora era algo impensable para mí y toda mi formación académica fue enfocada a otro campo.


¿A quién dedicaste tu primer escrito?
A mi familia.

¿Por qué y para qué escribe Lucía González Lavado?
Crear personajes, inventar historias, crear mundos de la nada, es de lo que más me gusta hacer en esta vida. Disfruto con ello, soy feliz haciéndolo y por eso lo hago, porque soy realmente feliz escribiendo.

¿Qué tipo de temática escribes y para qué tipo de público?
Principalmente escribo literatura fantástica, pero también tengo libros infantiles y de suspense. El público es muy variado; algunos van dedicados al infantil, otros a juvenil que es a partir de doce años y los últimos que estoy escribiendo entran en una categoría llamada New Adult que es a partir de dieciséis años.
Por el momento no he escrito ningún libro para público adulto, si relatos, pero no novelas.


¿Qué piensas del trato que se da a la literatura fantástica en España?
La situación de la literatura fantástica ha cambiado mucho a lo largo de los años. Desde que novelas de Harry Potter, El Señor de los Anillos o Juego de Tronos, se adaptasen al cine o televisión, la visión de la fantasía es diferente. No se considera un género menor, ni que solo es para niños.
Cada vez hay más editoriales que apuestan por la literatura fantástica y desean tener entre sus autores a escritores de este género, así que, mi conclusión, es buena y sé que con los años mejorará muchísimo más, pues hace doce años desde que publiqué y ya he visto grandes cambios.


¿Cuántas novelas has publicado hasta el momento y qué podías destacar de ellas?
Tengo un total de 22 y es difícil destacar algo de tantas novelas. Si puedo decir que las de Hijos del Dragón, que fueron con las que me inicié como escritora, son las que mejor acogida han tenido en el público y a las que tengo más cariño.
Todas ellas, de alguna manera, me han aportado diferentes experiencias y buenos y también malos momentos.


Todo escritor tiene un "maestro", aunque no sea directamente, que de alguna manera puede influir o guiar su forma de escribir. ¿Qué autor o autores han podido influenciar de alguna manera en tu forma de hacerlo?
Aunque de niña era una gran lectora, en rara ocasión llegué a leer libros de fantasía, si muchos de terror. Recuerdo que la colección “Pesadillas de R.L Stine” la devoré y deseaba que se publicasen un libro tras otro.
Mis influencias fantásticas provenían de otros medios, como los videojuegos, cómic o mangas. Sentía especial predilección por todo lo que viniera de Japón y su cultura. Así que, aunque suene más general, mis primeras influencias en el campo fantástico provenían todas de Japón y eran autores y autoras de manga.


¿Con qué personaje de tus novelas te identificas?
Con ninguno. Les otorgo a mis personajes actitudes que yo carezco y comportamientos que no realizaría.

¿Cuáles son las actividades que realizas como escritora y cuáles son tus proyectos?
Suelo asistir a ferias del libro, imparto charlas sobre el fomento de la lectura en colegios e institutos y también asisto a festivales de literatura fantástica y ciencia ficción.
Tengo muchos proyectos, la mayor parte son novelas de fantasía de categoría New Adult, pero también tengo intención de escribir alguna novela más de suspense.


¿Cuál es tu lugar preferido para ponerte a escribir?
Una habitación que tengo adecuada para ello con todas mis obras publicadas, libros que puedo necesitar para documentación, como bestiarios, un amplio escritorio y una zona donde tumbarme para cuando necesite descansar.

¿Tienes alguna manía a la hora de escribir, alguna rutina establecida o te dejas llevar por la inspiración del momento?
No tengo ninguna manía en particular, pero en ocasiones, necesito escribir con música, otras en completo silencio y de madrugada, donde sé que no seré interrumpida.
Un truco para enfrentarse a la hoja en blanco:
Tener la historia planificada de principio a fin, no dejar que las musas vengan, sino trabajar en la idea, prepararla, crear los personajes, el mundo, cada movimiento. De esa manera, el miedo a la hoja en blanco desaparece.


¿Algo de lo que nunca hablarías en tus textos?
Creo que nada… hasta el momento he escrito lo que he querido y nunca he pensado en algún tema sobre el que no escribiría.

En tu faceta de escritora, ¿qué es lo más satisfactorio?
Hay muchos momentos. Cuando al fin tienes el libro en tus manos o ver las sonrisas de tus lectores cuando te conocen y le firmas los ejemplares.

¿Cuál es tu gran punto débil al escribir?
La mayor parte de mis libros están poblados de escenas de acción y a veces me suele costar mucho escribirlas. Necesito describirlas con detalle para que el lector sepa qué está pasando y a la vez de manera fluida para que no se aburra.
Y estas escenas, a veces me cuestan más que otras.


¿Qué libro le recomendarías a gente a la que no le gusta leer?
Es una pregunta muy difícil de concretar, debería conocer a la persona o un poco sus gustos para dedicarle una lectura con la que seguro no podría parar de leer.

Si solo pudieras darle un consejo a un escritor que empieza, ¿cuál sería?
Que disfrute de lo que hace y no piense en escribir para cosechar éxito o ganar una fortuna. Ser escritor es una larga carrera de la que puede que nunca alcances la meta, es decir el éxito. Hay que ser disciplinado, pasar muchas horas frente al ordenador y privarte de pasar tiempo con amigos o familiares, así que realmente debes sentir pasión por la escritura y disfrutar de cada momento que le dediques.

Novelas publicadas: 22

Novelas de fantasía: 14 / Novelas infantiles: 2 / Novelas de suspense: 2 / Antologías propias:  4 / Antologías en las que ha participado:  9 / Cuentos, cómic, etc: 3 /
Relatos publicados en revistas: 73


 





http://luciaglavadoblog.blogspot.com.es












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¿Dónde estarán los pájaros?



“Y ante la nueva aurora me desvelo,
entre un batir ardiente, de ala en ala”

Antonio Gala









¿Dónde estarán los pájaros?
Está todo tan silencioso,
tan quieto,
tan yermo,
tan ajeno al rumbo que asedia las heridas,
que la tarde no se detiene en mis párpados
ni el ocaso en mis manos.
¿Dónde quedará el hálito que deja esta huida
si traspasa todas las fronteras
sin dejar huella
en el viaje sin retorno de mis ojos?
Hay tristeza,
hay... tristeza.
Una y otra vez, la ausencia se desgarra
lacerándome la voz para siempre,
mordiendo el hueco y el vacío
de este dolor que tiñe la existencia,
dueña de todos los gritos
y todas las súplicas.
¿Dónde estarán los pájaros?
¿Acaso en la saliva,
en las derrotadas lágrimas,
en el dulce y atroz latido de las horas?
¿Estarán despiertos o dormidos?
Solo sé que cuando lleguen
las nuevas estaciones,
mi memoria de árbol me traerá
un indestructible batir de alas. 

 © Dónde estarán los pájaros
IX Premio de Poesía García de la Huerta
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La eternidad


Texto incluido en la IV Antología Internacional Sensibilidades
Edición abril 2003 por Alternativa Editorial / Ourense

La puerta estaba cerrada, llena de óxido. Los restos de pintura, descascarados y hendidos, hacían suponer que condensaban en sus bordes imperecederos fragmentos del paso del tiempo.
Su trémula mano buscó en el bolsillo la llave, áspera y fría, y la encajó en la cerradura. Un chasquido estrepitoso sonó como un eco, golpeando sus oídos, y un olor nauseabundo y húmedo le envolvió como un impalpable velo. Solo un pasillo en penumbras le estaba esperando al otro lado. Al fondo del mismo se abrían, impávidas, unas lóbregas escaleras. Cuidadosamente comenzó a bajar los peldaños. A medida que descendía, el sonido de unas gotas cayendo del techo engullía el rumor de la agitación del ir y venir de la gente en las calles, hasta que sólo el ruido de sus pasos aguantó la desolación profunda del silencio.
Sintió un sudor frío atropellando su frente, el pecho dolorido, las piernas vacilantes, confundiéndose con el cansancio y con la sensación incierta de estar sosteniendo un enorme peso.
Descendió hasta llegar a una habitación pequeña y fría, de paredes de rasilla rojiza y pilares desnudos. Las irregularidades del suelo le hicieron perder el equilibrio y sus cuerpo cayó entre escombros y restos de cristales rotos. Se levantó rápidamente. Se oprimió la palma de la mano con un pañuelo. Al caer entre los cristales, se había hecho un corte profundo.
Le ardía el pecho de dolor.
Escudriñó la habitación con la mirada, reparó en la suciedad y en el desorden. Montones de trastos cubiertos de un polvo negruzco se acumulaban por todas partes. Había botellas de licor barato esparcidas en un rincón, monedas teñidas de un ligero color mostaza, pedazos de pan desmenuzados, quizás por los dientes de hambrientos roedores.
Inmundo, así era como se sentía.
Pensó en que su vida había sido un desastre. Durante un momento, sus pensamientos casi podían ver los delgados hilos de su existencia hormigueando entre los escombros, la suciedad y los cristales rotos.
Por un instante fugaz, asomaron algunas lágrimas a sus ojos cerrados. Experimentó incertidumbres, emociones casi desconocidas para él, mientras hojeaba el libro de los recuerdos. Sonrió al ver los ojos lánguidos y las mejillas regordetas del niño que jugaba en el parque. Se estremeció adivinando los nombres de las sombras escondidas al abrigo del viejo roble.
Después las hojas fueron pasando velozmente entre inviernos y brotes de primavera.
Al abrir los ojos, la claridad de las paredes le cegó. Podía ver, a su través, la calle. Contempló la belleza de los árboles circundantes, matizados con los intensos tonos del otoño. Observó la silueta que se recortaba entre ellos. El hombre se desplomó con un gemido ahogado. Los movimientos violentos de su cuerpo fueron cediendo hasta que cesaron por completo. La sirena de la ambulancia ululó con un sonido suave que súbitamente se apagó.
Y de nuevo la oscuridad.
Corrió escaleras arriba. Necesitaba ayuda. Sin embargo, a medida que subía los peldaños, tuvo la impresión de que todo desaparecía: las escaleras, el pasillo, la puerta... Era como si el dolor, como si el peso y sus piernas vacilantes, se hubieran quedado atrás, en la habitación. Notó como la piel, sus huesos, todo su cuerpo perdían consistencia dejándolo desnudo, convertido en una fantasmal luz blanca. Advirtió como otras fantasmales luces blancas pululaban a su alrededor.
Y comprendió, con esa certidumbre de vacío que da la oscuridad, que la eternidad solo era un arañazo de olvido en la insensible lejanía de la vida.



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