Peatón invertebrado

Hace unos días, estando de regreso hacia la nave, me llamó la atención un antiguo compañero de trabajo, que pasaba cerca de mí y en el cual no había reparado: "¡Paco! ¿Qué haces trabajando con los retrasados?"
Mi primera reacción fue pensar en cómo aún existen personas que pueden llamar retrasados a otras personas, usando esta palabra con tanta facilidad y con el poder de hacerme sentir mal. La segunda, fue expresarle por activa y por pasiva y con cierto enfado, como me sentía ante sus palabras, aparte de darle las pautas necesarias para “ayudarle” a utilizar los términos adecuados al referirse a personas con discapacidad. No sé si, de alguna forma, le sirvió lo que le dije, porque la sensación que me quedó es que, por su forma de despedirse, el ofendido y humillado había sido él.
Lo cierto es, que esa situación vivida, ha reafirmado mi orgullo de formar parte del grupo de personas con las que comparto mi trabajo. Y no somos “retrasados”, ni “subnormales”, palabras con las que, desgraciadamente, algunos nos califican como si no fuéramos capaces de hacer nada en la vida.
Nada más lejos de la realidad, mis compañeros y yo mismo, somos personas con capacidades aunque las necesidades para desarrollar nuestro trabajo no son idénticas porque no estamos capacitados para realizar ciertas actividades. Pero eso no disminuye nuestra valía para el trabajo y mucho menos nuestra estimación como personas.
Orgulloso, así me siento. Y agradecido porque este trabajo y estos compañeros han dado un nuevo sentido a mi vida.


 












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