Desamor




En el último cajón del escritorio reposan amontonados trozos de vida y muerte, regresos, partidas... Un lápiz sin punta sobre una hoja amarilla parece querer mirar, insistentemente, una lluvia que aún parece tener deseos de esperar no sé qué.
Y sobre todo polvo, nada, sólo polvo, recuerdos que se desploman en llanto, llanto que provoca olvido, nada...









Comenzará mi muerte
cuando la noche envíe a sus mensajeros
a poner cerrojos en los labios
incendiando el amor en hogueras insensibles,
cuando las azules encinas de mi alegría
no reposen sobre tus brazos,
y un estrépito de cuerpos sin eco
disuelvan sus sombras
en los nudillos de la ventana de mi habitación,
cuando encuentre en mi corazón
letras de soledad y de tristeza,
y en la húmeda penumbra de la almohada
no encuentre el pausado compás de tu pecho
calmando mi sed,
cuando me enfrente al silencio del espejo
manchado de las cotidianas miserias,
y ni siquiera la luna refleje mi saliva
al desprenderme de las huellas de tu peso,
cuando deshagan los pájaros la madeja invisible del olvido,
cuando te deje marchar sin llamarte.


© Los escombros del amor / francisco javier silva
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Nada


"Todas las guerras, desde
el principio
de la civilización, se hacen
con sangre,
son iguales, solo son diferentes las
explicaciones."

Samuel


“Aquí sabemos a qué sabe la muerte,
aquí sabemos lo que sabe la muerte”

José Emilio Pacheco


Sobre los raíles grasientos de la noche
se dispersa el camino,
se abren ventanas que dejan escapar
polillas borrachas,
puentes de acero,
los gritos de tantos niños invisibles,
las voces desatadas de las madres,
esquirlas de hierro clavándose en la ausencia.
Pero nada encuentro.
¿Por qué la vida no cabe en las palabras
cuando tiene el tamaño de la muerte,
cuando arroja su armazón de hierro ruginoso
sobre  polvo y despojos de fantasmas
que corren y se ocultan?
Pero nada queda,
nada,
ni humedad en las paredes,
ni un cofre que cobije los rostros
y la memoria,
ni el paisaje donde van a refugiarse
las cartas sin destino,
ni un agujero donde hablar con Dios
o con el diablo,
nada,
ni puentes,
ni gritos,
ni voces,
nada.
¿Por qué dejar que la rabia llene,
el hueco o el vacío, las fotografías,
la lágrima que no cae y que no cesa,
la huella de los pasos,
el ojo entre las manos?
¿Por qué cruzar el muro inexcusable de la muerte
sellando con tumbas la existencia?
¿Por qué dejar que la arena
se atasque en los pulmones
y construya la ruina de los días?
En hilos de plata se deshacen la cruces y la luna.
Despierta el sol a latigazos y...
nada encuentro,
solo el árbol que guardó mi último combate




Poema: Nada
Autor: Francisco Javier Silva
Voz: Del autor

Poema perteneciente al poemario "Dónde estarán los pájaros", primer premio del IX Concurso de Poesía García de la Huerta (2006)






 © Dónde estarán los pájaros
IX Premio de Poesía García de la Huerta
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