Ahora que el café de cada día... El vuelo de la palabra 2017


"Si la vida fuera otra y la muerte llegase, 
entonces, te amaría hoy, mañana... 
por siempre... todavía"
Mario Benedetti 



Ahora que el café de cada día refrenda sobre la mesa
el penúltimo inventario que conjuga nuestros nombres
y arrastra a cada cual hacia el olvido,
ahora que de tanto acostumbrame a tu presencia
surcan mi piel las arrugas que la caligrafía de la ausencia deja
cuando atraviesa la puerta giratoria de tus labios
y se rompe en todas las direcciones hasta encontrarte,
ahora que hemos muerto tantas veces de dolor o de alegría
y nos caben en el pecho todas las calles donde se amotinaron los sueños
a los que dejamos de ponerles el pijama,
ahora que, cuidadosamente archivados,   
entregamos a la vida los instantes que componen la memoria
con tantas lluvias torrenciales, con tantas caricias pensadas
que acabaron volando en cicatrices,
con tantas soledades repletas de los esqueletos que el frío deja
congelados en el cálido abrazo de los cuerpos,
ahora que el pasante nos exige las cuentas de cada uno de los gestos
más simples que compartimos,
y no dejan de llegarnos demandas de Hacienda por no declarar ni cielos,
ni infiernos, ni siquiera los fantasmas que construyen con tiza
las fronteras inevitables entre el alba y el crepúsculo,
ahora que el invierno resulta obligatorio
porque ya pagamos los plazos fiados de existir, te podría...
te podría escuchar en el viento y ser tu voz,
te podría escribir infinitas lloviznas de latidos
en la vertiente interminable de tu piel,
te podría, con las manos a tientas, dibujar
intentando alargar los momentos de ternura,
te podría detener los relojes y hablar de eternidades
o futuros imperfectos con las horas, te podría...
te podría inventar un verano de azaleas con un cielo a la altura de los árboles
para que vuelen los pájaros entre tu pelo,
te podría remover los muebles, cambiarlos de sitio,
vaciar los estantes de papeles y mapas, de plegarias y rituales,
olvidar la fecha de mi entierro,
ahora, precisamente ahora, que al resguardo del café de cada día,
vuelve a nacerme entre los dedos tu rostro
y el olor a romero de tus ojos.

Ahora que enseño a los peces el nombre exacto
de todos los ríos que atraviesan tu vientre,
y no existen más océanos ni cielos que aquellos
que habitan el espacio que dejan nuestros cuerpos al abrazarnos,
precisamente hoy, cuando ya no me importa la hora que marcan los relojes
y vivo el presente tan solo en los días no contados,
y mi corazón busca ser de nuevo una página en blanco
donde seguir escribiendo su liturgia de amor,
ahora que cada amanecer, cada ola que llega, cada paisaje prestado,
es una amnistía que encuentra la vida al raso de tus párpados,
ahora, solo ahora,
merece la pena dibujar en tu piel todos los versos que me nacen. 

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