Cuando algo se termina, se terminó

 

Quizás no nos damos cuenta pero a lo largo de nuestra vida estamos diciendo adiós continuamente. Adiós a nuestra infancia, a nuestra adolescencia, a nuestros cuerpos cuando nos hacemos mayores, a nuestros padres, a un amor... Cada periódo de nuestra vida deja atrás cosas que son irrecuperables.

Facilmente aparece el llanto, la tristeza. pero también la rabia, la cólera, el resentimiento. Y la impotencia por no poder cambiar las cosas por más que queramos.

Dominica, 10 de enero de 2021

Mi amor:

Espero que te encuentres bien. Te imagino igual de hermosa.

Sé que escribir una carta es un recurso muy frío y muy limitado cuando uno desea decir tantas cosas. Ojalá que estas líneas que te escribo puedan arroparte si sientes soledad.

Porque no te guardo rencor, Valeria, a pesar de que preferiste la careta del silencio a la nobleza de las palabras. De cualquier manera, ya poco importa. Siempre fuiste una aventajada en todo y no podías ser menos en el desamor. Si pudieras me dirías que cuando algo se termina, se terminó y es absurdo prolongarlo en el tiempo, que en el amor siempre hay un primer día y también un último.

Pero siempre hay formas y maneras de decir o hacer las cosas. Entenderás que tirar mi ropa, mi colección de tebeos del Capitán Trueno y mis útiles de aseo por la ventana de un noveno piso, no fue lo más correcto. También cambiaste la cerradura, pero ante eso debo agradecerte que dejarás mi hámster en la puerta de entrada.

Y sin explicaciones, Valeria. Aún hoy se me encoge el corazón, el mismo con el que traté de entenderte, de justificar tu actitud, y del que no obtuve tampoco ninguna respuesta. Sin embargo, más allá del mutismo, de la indiferencia que puede llegar y traer el olvido a nuestra memoria, sigo recordándote en esos días en los que conjugábamos juntos verbos de amor y besos.

En realidad, no sé bien porque te digo todo esto. Quizás, aunque te suene ridículo, de alguna manera, sigues dentro de mí, con tus inseparables luces y sombras, con tus eclipses, por la felicidad y la infelicidad que compartimos, por todos los sueños que construimos juntos, por los que destruimos y por aquellos que dejamos descuidados. Sí, sé que si pudieras volverías a decirme que cuando algo se termina, se terminó, pero deduzco que en este instante lo harías además con ese punto colérico y resentido que en incontables ocasiones te he sufrido.

Solo puedo desearte lo mejor en la vida y que encuentres a alguien que te quiera como eres, que te valore y te ame sin medidas. Si lo encuentras, te aconsejaría que no lo pusieras de autorizado en tu cuenta corriente. Porque cuando algo se termina y lo hace como lo nuestro, sin previo aviso, sin ningún tipo de respeto, puede llegar el despecho, el resentimiento. Y a uno le pueden entrar ganas de viajar, como me ha ocurrido a mí, y vete tú a saber a dónde: a la Riviera Maya, a las Seychelles o a Dominica, sobre todo cuando te enteras que a alguien le ha tocado el “gordo” de Navidad, como te ha ocurrido a ti.

Acabo ya. No quiero dejar de decirte que también tenías razón cuando me comentabas que lo único importante en la vida son los cambios, que debemos adaptarnos a ellos para seguir adelante. En eso estoy, cambiando mi vida, aprendiendo a vivir sin ti, bebiendo un “mamajuana” tras otro y escuchando boleros, para no encontrar respuestas a nada de lo que pasó entre nosotros. Son las cosas que tiene la vida, la vida… LA VIDA.

Puede que, de otra manera, Valeria, pero siempre te recordaré. Cuídate mucho. Contigo, ya no tendrá significado saber si es lunes o viernes, si noche o mediodía. Todo da igual porque para los fantasmas del amor no tiene sentido el tiempo. Solo el olvido que cubre aquello que termina.

Brindo por ti, Valeria. A más ver.



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francisco javier silva escritor extremeño Almendralejo
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